Franklin Vives: “Estoy siempre esperando el día en que pueda jubilarme y volver a Filipinas”

Franklin Vives lleva 25 años residiendo en EEUU. Se encuentra ahora de visita en Manila, su ciudad de origen a la que intenta volver cada dos años. e-dyario ha tenido la oportunidad de entrevistarle, y nos ha hablado de su marcha de Filipinas, la adaptación a su nuevo país, y sus pensamientos sobre su residencia en el extranjero durante tantos años.

Franklin, ¿cuándo te marchaste de Filipinas?

“Tenía 21 años, y mis padres decidieron por mí, porque pensaron que tendría más oportunidades en EEUU.”

¿Recuerdas cómo fue tu llegada allí?

“Mis padres se quedaron en Filipinas, y yo fui con mi hermano allí, así que… todavía recuerdo lo difícil para mí, porque mis padres nos dejaron solos con mi abuela, y mi abuela vivía allí y estaba un poco enferma. Además de adaptarnos a una cultura nueva, teníamos que adaptarnos a la facultad, y no teníamos la orientación de nuestros padres.”

¿Qué hiciste exactamente allí?¿Estudiar?

“Sí. Ingresé en la Universidad Jesuita de San Francisco, y como yo venía de Ateneo de Manila, me convalidaron algunas asignaturas. La transición académica fue buena; la emocional fue la más difícil.”

¿Cuándo exactamente te marchaste?

“Me marché en el año 1986, justo cuando cumplí 21 años. Mucha gente pensaba que yo me iba de Filipinas a causa de la caída del dictador Marcos, y que de alguna manera mi familia estaba vinculada a él, pero obviamente no era así.”

¿Qué estudiaste exactamente?

“Economía. Pero como la universidad era católica, resultaba demasiado cara, así que decidí irme a una universidad estatal al cabo de un año.”

¿Con qué frecuencia viste posteriormente a tus padres?

“Yo fui primero con mi hermano [en marcharme], luego siguieron mis hermanas, y al final nos reunimos los cinco que somos allí. Cada dos o tres años, nuestros padres nos visitaban. Pero en general, tuvimos que hacernos independientes.”

¿Y eso tú lo consideras bueno o malo?

“Bueno. Como yo era el mayor, tenía que cuidar de mis hermanos menores, y en ese sentido, crecimos y maduramos. Pero por supuesto, seguimos echando de menos nuestra vida en Filipinas, y por eso yo vengo tan a menudo como puedo. Tengo como dos vidas: mi vida aquí y mi vida en los EEUU, pero estoy siempre esperando el día en que pueda jubilarme y volver a Filipinas.”

Mirando atrás ¿crees que la decisión de tus padres fue la correcta?

“Profesionalmente sí, porque estoy trabando en la industria de la biotecnología, y no habría podido hacer nada parecido en mi país de origen.”

¿Qué es lo que echas de menos de Filipinas cuando estás en EEUU?

“La familia, porque no veo su vida en el día a día, no los veo a diario. Es diferente ver a la gente cuando está de visita solamente. También echo de menos hablar el idioma filipino, porque en mi oficina no estoy con filipinos, y obviamente tengo que hablar en inglés.”

¿Ha cambiado algo en la vida en los EEUU por la crisis?

“Yo vivo en San Francisco, y ahora la gente ha tenido que cambiar de costumbres económicas: antes la gente hablaba de cómo gastar dinero, de qué oportunidades había en el mercado; ahora, hablan de cómo ahorrar, de cómo sobrevivir, o de cómo conservar su empleo. Yo también perdí mi empleo hace años, y ahora valoro las cosas sencillas en la vida: tener un trabajo, una casa…”

¿Conoces a gente de la comunidad filipina en San Francisco?¿Cómo viven?

“Lo bueno es que es una comunidad unida. Siempre hay alguien que abre su casa a los filipinos cuando caen en la pobreza, así que no es fácil ver a un filipino sin techo. Estas cosas a veces se tratan incluso con humor.”

Cuando vuelves de EEUU, ¿notas cambios en Filipinas con respecto a visitas anteriores?

“No mucho. La vida es igual. La política, cuando hay elecciones, no tiene demasiados cambios: cambian los personajes y las caras, pero no el fondo del asunto. En el país en general no veo grandes mejorías, pero el hecho de que ahora mismo no esté sufriendo la crisis mundial ya es una gran cosa.”

Tú has dicho que te gustaría jubilarte aquí…

“Sí. Todavía me queda mucho tiempo, unos quince años, pero mi mujer y yo ya estamos en el proceso de pensar en ello. No está decidido el cuándo ni el dónde, pero ya es un primer paso el hecho de que estemos pensando en ello. Cuando no tengamos ya que trabajar, ¿para qué vamos a continuar viviendo allí? Lo ideal para nosotros sería volver a casa.”

 

Esta entrada fue publicada en Crónicas, Filipinos en el extranjero.

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